Un año de paseos, más o menos
720 bolsas cubren cerca de doce meses para un perro que hace dos deposiciones diarias, y unos ocho meses si hace tres. Con dos perros, la mitad. Es una división, no una promesa.
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No comparamos marcas ni inventamos precios ajenos: comparamos lo que dice la etiqueta y qué hay detrás de cada palabra.
| Tipo de bolsa | Material habitual | Qué acredita la etiqueta | Dónde termina |
|---|---|---|---|
| Plástico convencional | Polietileno | Nada en clave ambiental: es plástico corriente | Fracción resto |
| Oxodegradable | Polietileno con aditivo prooxidante | Se fragmenta, no se biodegrada. La Directiva (UE) 2019/904 prohíbe los productos de plástico oxodegradable | No debería estar a la venta |
| «Biodegradable» sin sello | Mezclas con almidón, PLA o PBAT | La palabra sola no fija plazo ni condiciones de degradación | Fracción resto |
| Compostable industrial | PLA, PBAT y almidón | Norma EN 13432, con sellos como Seedling u OK compost INDUSTRIAL y número de certificado | Planta industrial, si tu municipio la admite |
| Compostable doméstico | PLA, PBAT y almidón | Esquemas específicos como OK compost HOME o la norma francesa NF T51-800 | Compostador de casa, con la salvedad de las heces |
Este pack se presenta como bolsa biodegradable con material a base de almidón de maíz. Mientras no veas en el envase el sello y el número de certificado, trátalo como la tercera fila de la tabla, no como la cuarta ni como la quinta.
Las casillas que dicen «no publicadas» están así a propósito. Preferimos dejar el hueco visible a rellenarlo con un número plausible: si necesitas la medida exacta o el grosor antes de decidir, pídenoslo por WhatsApp y te pasamos lo que diga el envase del lote que haya en almacén.
Ni pruebas propias ni comparativas de laboratorio: solo lo que se deduce del contenido del pack y de las condiciones de venta.
720 bolsas cubren cerca de doce meses para un perro que hace dos deposiciones diarias, y unos ocho meses si hace tres. Con dos perros, la mitad. Es una división, no una promesa.
Al venir en rollos de 30 puedes repartirlos: uno en la correa, otro en el bolsillo del abrigo, otro en la guantera del coche y el resto guardados en un sitio seco.
El pack incluye un gancho universal para llevar el rollo en curso colgado. Es el accesorio que evita la escena de volver a casa a por una bolsa.
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Lo que sabemos, lo que no sabemos y dónde se comprueba.
Mete un rollo en el gancho o en el dispensador y deja los otros 23 en un sitio fresco y seco, lejos del radiador y del sol directo.
La bolsa sale por el centro del rollo. Si tiras desde fuera, el rollo se desmadeja y acabas con media docena de bolsas por el suelo.
Usa la bolsa como un guante, dale la vuelta, haz el nudo y llévala a la papelera o al contenedor que indique la ordenanza de tu municipio.
No publicamos nota media ni opiniones de clientes en esta página, porque no tenemos un sistema de recogida de valoraciones verificadas detrás. Preferimos dejar el hueco vacío a llenarlo con estrellas de plantilla.
Si quieres opiniones antes de decidir, búscalas en tiendas donde el producto ya se venda y compara varias fuentes: una nota alta con muy pocas valoraciones dice bastante menos que un puñado de comentarios que expliquen si la bolsa se rasga al anudar o si el rollo se atasca en el dispensador.
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Leer artículoUn perro adulto sano suele hacer entre una y tres deposiciones al día. Con dos al día gastas unas 730 bolsas al año, así que un pack de 720 cubre prácticamente doce meses de paseos para un perro. Si hace tres, la cuenta baja a unos ocho meses. Si tienes dos perros de dos deposiciones diarias, se queda en unos seis. Y si vives en una casa con jardín donde una parte de las deposiciones no se recoge en bolsa, el pack puede estirarse dos años. No hay una respuesta única, hay una división: 720 entre el número de bolsas que gastes al día.
Esa es la razón por la que los packs grandes se venden por centenares y no por decenas. La bolsa de excrementos es un consumible con un ritmo de gasto muy previsible, que depende de tres variables que tú conoces mejor que nadie: cuántos perros tienes, cuántas veces sacan del cuerpo lo que tienen que sacar y cuántos de esos episodios ocurren en la calle. Todo lo demás —la marca, el color, el aroma— es secundario frente a esa aritmética.
Esta guía no es una reseña de producto. No hemos hecho pruebas de resistencia, no hemos usado el pack durante meses y no vas a encontrar aquí testimonios de clientes. Lo que sí vas a encontrar es el contexto que hace falta para comprar bolsas de excrementos sin comerte una alegación ambiental que no se sostiene: qué significa cada palabra de la etiqueta, qué medidas importan y por qué, qué dispensadores existen, qué obliga a hacer la normativa municipal y dónde acaba la bolsa cuando la sueltas.
Un perro adulto con una dieta estable y un horario de comidas regular tiende a defecar entre una y tres veces al día. Los cachorros van bastante más veces, porque comen más raciones repartidas y tienen un tránsito intestinal más rápido; los perros mayores, o los que comen pienso de alta digestibilidad, suelen bajar el número. La frecuencia también sube con las dietas de mucho volumen o mucha fibra y baja con las de alta absorción.
Convertir eso en bolsas es directo. Multiplica las deposiciones diarias por 365 y tendrás el gasto anual mínimo. Después reparte el pack:
| Situación | Bolsas al día | Bolsas al año | Duración aproximada de 720 bolsas |
|---|---|---|---|
| Un perro, una deposición diaria en la calle | 1 | 365 | Cerca de dos años |
| Un perro, dos deposiciones diarias | 2 | 730 | Algo menos de un año |
| Un perro, tres deposiciones diarias | 3 | 1.095 | Unos ocho meses |
| Dos perros, dos deposiciones cada uno | 4 | 1.460 | Unos seis meses |
| Cachorro en fase de educación | 4 o 5 | 1.460 a 1.825 | Entre cuatro y seis meses |
La tabla no es un dato de mercado ni una media de nadie: es la división de 720 entre los supuestos de la primera columna. Ajusta el supuesto que se parezca a tu caso y tendrás tu cifra.
Hay un puñado de fugas que se comen el margen del cálculo y conviene tenerlas en cuenta antes de comprar el pack justo:
Redondea al alza. Si te sale que gastas 700 bolsas al año, no compres 720 pensando que te llegan doce meses justos: te llegarán diez u once, y el resto es margen.
Un pack grande no ahorra por el precio unitario, ahorra porque elimina la decisión. La bolsa que falla es siempre la que no llevabas encima.
Esta es la parte donde más se confunde el comprador, y con motivo: las tres palabras suenan a lo mismo y describen cosas distintas. La diferencia no es un matiz de marketing, es la diferencia entre una alegación medible y una etiqueta que no compromete a nada.
Que un material sea biodegradable significa que los microorganismos son capaces de descomponerlo hasta transformarlo en agua, dióxido de carbono y biomasa. La palabra, por sí sola, no dice en cuánto tiempo ni bajo qué condiciones. Un material puede ser biodegradable y tardar años en degradarse si no encuentra la humedad, la temperatura y la población microbiana adecuadas. Por eso «biodegradable» a secas, sin una norma detrás ni un plazo declarado, es una afirmación que aporta poca información al comprador.
La normativa europea ha ido cerrando ese margen. La Directiva (UE) 2024/825 sobre el empoderamiento de los consumidores para la transición verde ataca de frente las alegaciones ambientales genéricas que no se pueden acreditar, y los Estados miembros deben aplicarla a partir del otoño de 2026. La consecuencia práctica para ti es sencilla: cada vez tendrá menos sentido comprar una bolsa cuyo único argumento ecológico sea una palabra impresa en la bolsa de plástico que la envuelve.
Aquí sí hay un patrón medible. La norma europea EN 13432 fija los requisitos que debe cumplir un envase para considerarse valorizable mediante compostaje y biodegradación: desintegración del material en un plazo corto, biodegradación de la práctica totalidad del carbono orgánico en un plazo algo mayor, límites a los metales pesados y ausencia de efectos negativos sobre el compost resultante. Todo ello en condiciones de compostaje industrial, es decir, en una planta con temperatura elevada, humedad controlada y volteo.
Cuando un fabricante cumple esa norma, no lo dice con un adjetivo: lo dice con un sello y un número. Los dos que vas a ver con más frecuencia en España son el sello Seedling (la plántula) y el sello OK compost INDUSTRIAL. Los dos van acompañados de un número de certificado que se puede consultar en el registro del organismo que lo emitió. Si en el envase hay un sello sin número, o una imagen de una hoja verde dibujada por el departamento de diseño, no estás mirando una certificación.
Un compostador de jardín no alcanza las temperaturas de una planta industrial. Por eso hay materiales que cumplen la EN 13432 y sin embargo no se descomponen en el compost de tu casa. El compostaje doméstico se acredita con esquemas específicos, como el sello OK compost HOME o la norma francesa NF T51-800, que evalúan la degradación a temperatura ambiente y en plazos más largos. No existe una norma europea armonizada equivalente a la EN 13432 para el compostaje doméstico, así que aquí el sello es todavía más determinante que la norma.
Y hay una advertencia que se salta casi todo el mundo: aunque tengas una bolsa certificada para compostaje doméstico, los excrementos de perro no son un buen material para un compost destinado al huerto. Pueden contener parásitos y huevos que la temperatura de un compostador casero no destruye. Si compostas en casa, deja los excrementos caninos fuera de esa pila.
Durante años se vendieron bolsas «oxodegradables» o «oxobiodegradables»: polietileno con un aditivo que acelera su fragmentación por acción del calor y la luz. El material no se biodegrada, se rompe en trozos cada vez más pequeños hasta convertirse en microplástico. La Directiva (UE) 2019/904, la de los plásticos de un solo uso, prohíbe los productos fabricados con plástico oxodegradable. Si te encuentras esa palabra en una etiqueta, es motivo suficiente para dejar el paquete en la estantería.
Vamos a ser explícitos con este producto concreto, porque es lo que has venido a mirar. De la ficha del pack se desprenden estos datos:
Y estos son los datos que no constan y que por tanto no vas a leer aquí inventados:
Con esa información en la mano, la lectura honesta es la siguiente: trata este pack como una bolsa biodegradable a base de almidón, y no des por hecho que es compostable en tu casa ni que puedes echarla al contenedor de biorresiduo. Si al recibir el paquete el envase lleva el sello y el número, ya tienes la confirmación. Si no lo lleva, sigue siendo una bolsa perfectamente utilizable para recoger y tirar a la fracción resto, que es lo que hace la mayoría de la gente con la mayoría de las bolsas.
Un hueco vacío en una ficha técnica es información. Un número inventado en ese hueco es un problema para quien lo lee y para quien lo escribe.
La intuición dice que un perro grande necesita una bolsa grande porque la deposición es más voluminosa. Es verdad solo a medias. El volumen casi nunca es el problema: una bolsa estándar de excrementos tiene capacidad de sobra incluso para un perro de treinta kilos. Lo que se queda corto es la longitud útil, es decir, el trecho de bolsa que te queda entre la mano y el contenido cuando le das la vuelta.
Recoger bien consiste en meter la mano en la bolsa como si fuera un guante, coger la deposición desde fuera del plástico, girar la bolsa del revés y anudar. Si la bolsa es corta, tu mano queda a un centímetro del contenido y el nudo se hace con los dedos pringados de plástico manchado. Si la bolsa es larga, hay margen para girar, para hacer un nudo holgado y para llevarla colgando sin que roce la pierna.
Sin la medida publicada, la comprobación es física y la puedes hacer con la primera bolsa del rollo:
Si tienes un perro de raza pequeña, casi cualquier bolsa del mercado te sirve y lo que ganas con una bolsa más grande es comodidad, no necesidad. Si tienes un mastín, un pastor alemán o cualquier perro por encima de los veinticinco kilos, la longitud pasa a ser el criterio principal de compra, por delante del precio por unidad.
El grosor se mide en micras y determina la resistencia al desgarro. Suena a dato objetivo, y lo es, pero tiene dos trampas. La primera: una bolsa de material bioplástico y una de polietileno con las mismas micras no se comportan igual, porque la resistencia depende del polímero tanto como del espesor. La segunda: casi ningún fabricante de bolsas para excrementos publica el dato, y cuando lo publica no siempre se refiere a la misma medición.
Como este pack no declara el grosor, la forma útil de evaluarlo es al tacto y con la prueba del peso descrita arriba. Una bolsa demasiado fina se nota nada más separarla del rollo: se pega a sí misma, cuesta abrirla con una mano y transparenta. Una bolsa con cuerpo se abre de un tirón y mantiene la forma cuando la sueltas.
Es el que incluye este pack. Un aro o mosquetón que sujeta el rollo y se engancha a la anilla de la correa, al arnés o a la trabilla del pantalón. Su virtud es que el rollo va siempre contigo sin ocupar bolsillo. Su defecto es que el rollo queda expuesto a la lluvia y al roce, así que conviene meterlo en el bolsillo cuando el día venga feo y no dejarlo colgado en la entrada de casa con el sol dándole toda la tarde.
Cápsula de silicona, plástico rígido o tela con una boca por la que sale la bolsa. Protege el rollo de la humedad y del sol, que son los dos enemigos reales de un material a base de almidón. Los buenos tienen una tapa que gira o encaja a presión y una boca lo bastante ancha para que la bolsa no se rompa al salir. Los malos tienen una ranura estrecha que arranca la bolsa por la mitad y te deja el resto dentro.
Muchos dueños acaban prescindiendo del dispensador y llevando media docena de bolsas sueltas en el bolsillo del abrigo. Funciona, pero las bolsas sueltas se arrugan, se abren solas y acaban hechas una pelota en el fondo. Si vas a ir por libre, al menos guárdalas dentro de otra bolsa cerrada. Las riñoneras de paseo y los arneses con alforja son la opción cómoda para quien ya lleva encima premios, agua y una pelota.
Casi todos los rollos de bolsas de excrementos se dispensan desde el centro. Busca el extremo interior del rollo, tira de él y pásalo por la boca del dispensador antes de cerrar. Si tiras del extremo exterior, el rollo gira sobre sí mismo, se desmadeja y acabas con una tira de seis bolsas colgando. Cuando el rollo se queda por la mitad y baila dentro del dispensador, un trozo de goma elástica alrededor lo estabiliza.
Un detalle que se agradece en invierno: separa la bolsa del rollo antes de agacharte, no después. Con guantes y con una mano ocupada por la correa, abrir una bolsa nueva es la parte más incómoda de todo el proceso.
En España, la obligación de recoger las deposiciones de tu perro en la vía pública está en las ordenanzas municipales, normalmente en la de limpieza de espacios públicos o en la de tenencia y protección de animales. No es una recomendación cívica: es una obligación con régimen sancionador detrás, y quien responde es la persona que lleva al animal en ese momento, no necesariamente su propietario.
El detalle concreto cambia de un municipio a otro. Hay ordenanzas que obligan además a llevar encima el material de recogida y permiten al agente pedírtelo, aunque tu perro no haya hecho nada. Hay municipios que exigen diluir con agua la orina en las fachadas y el mobiliario urbano, y por eso ves a tanta gente pasear con una botella pequeña. Y hay ayuntamientos que han extendido la obligación a los espacios naturales periurbanos y a las playas en temporada.
Las cuantías varían mucho según el municipio y según cómo esté tipificada la infracción, así que cualquier cifra concreta que leas en internet solo vale para el ayuntamiento del que se haya copiado. Consulta la ordenanza de tu ciudad: se publica íntegra en la sede electrónica municipal y suele bastar con buscar «ordenanza» y «animales» o «limpieza».
Varios municipios españoles han puesto en marcha censos de ADN canino: obligan a registrar una muestra genética del animal y, cuando se localiza una deposición no recogida, se analiza y se identifica al responsable. Es una medida que se ha extendido sobre todo en localidades medianas, y donde está en vigor la multa ya no depende de que un agente te vea.
Muchas ciudades han instalado áreas caninas con suelo de arena o albero y papeleras específicas. Que exista un pipicán no te exime de recoger: en la mayoría de las ordenanzas la obligación se mantiene también dentro de esas áreas, precisamente porque son el sitio donde más perros coinciden y donde más fácil es el contagio de parásitos entre ellos.
Salvo que tu municipio diga otra cosa, la bolsa anudada con excrementos va a la fracción resto, el contenedor gris. Es la vía prevista para los residuos que no tienen un tratamiento específico y la que asumen la mayoría de las ordenanzas españolas. Si en el recorrido hay papeleras con soporte para bolsas de excrementos, úsalas: están conectadas a esa misma fracción y evitan que la bolsa acabe en un contenedor de recogida selectiva.
Aquí está el error más repetido. Mucha gente da por hecho que, si la bolsa es compostable, va al contenedor marrón de biorresiduo. No es automático. Muchas plantas de tratamiento de biorresiduo municipal no admiten heces de animales carnívoros por razones sanitarias y de calidad del compost final, que a menudo se destina a uso agrícola. Otras sí lo aceptan, y algunos ayuntamientos lo indican expresamente en su guía de reciclaje.
Dos condiciones tienen que cumplirse a la vez para que el marrón sea la opción correcta: que tu municipio lo admita y que la bolsa esté certificada como compostable. Con una sola de las dos, no. Y en caso de duda, la fracción resto nunca es una infracción de reciclaje: solo es una oportunidad perdida de valorización.
Fuera del casco urbano cambia la logística, no la obligación. En rutas de montaña y espacios naturales protegidos la norma habitual es que te lleves la bolsa hasta el primer contenedor, igual que harías con el resto de tu basura. Dejar la bolsa a un lado del sendero «para recogerla a la vuelta» es una promesa que casi nadie cumple, y las fotos de senderos sembrados de bolsitas de colores lo confirman.
En la playa, la mayoría de los municipios costeros restringen el acceso de perros en temporada alta y establecen horarios o tramos concretos el resto del año. Cuando está permitido, la arena hace la recogida más incómoda: conviene coger un poco de arena junto con la deposición para no dejar restos, y ahí es donde una bolsa con ancho suficiente marca la diferencia.
Un pack de 720 bolsas te va a durar meses, y durante esos meses los rollos que no estás usando tienen que sobrevivir en algún sitio. Los materiales a base de almidón y bioplásticos son más sensibles que el polietileno a dos cosas: la humedad y el calor. Las dos aceleran el envejecimiento del material y pueden dejarte un rollo quebradizo justo cuando lo abres.
Con ese cuidado, un pack grande no tiene por qué degradarse antes de gastarse. Sin él, puede que el rollo número veinte se rasgue solo al desenrollarlo, y entonces el ahorro del pack grande se evapora.
Las condiciones no dependen de la buena voluntad de la tienda, las fija la ley y conviene que las conozcas antes de comprar:
Para un consumible como este, el escenario realista de reclamación no es que no te guste el color: es que el material llegue quebradizo, que los rollos vengan mal troquelados o que el contenido no cuadre con las 720 unidades anunciadas. En cualquiera de esos casos, la garantía legal de conformidad es la vía, y el plazo de tres años da margen de sobra para detectarlo aunque el pack te dure un año entero.
Un pack de 720 bolsas es aproximadamente un año de paseos para un perro que hace dos deposiciones diarias, y unos seis meses si tienes dos perros. La presentación en 24 rollos de 30 permite repartirlos por la casa, el coche y la correa, que es donde de verdad se gana la partida: la bolsa útil es la que llevas encima. El gancho incluido resuelve esa parte.
En lo ambiental, la palabra «biodegradable» describe una capacidad, no un plazo ni un destino. Compostable industrial es lo que mide la EN 13432, con sello y número de certificado; compostable doméstico es otra cosa y se acredita con esquemas propios. Este pack no publica número de certificado ni norma verificable, así que la recomendación prudente es tratarlo como bolsa biodegradable a base de almidón, tirarla a la fracción resto y comprobar el sello en el envase que recibas. Al contenedor marrón, solo si tu ayuntamiento lo admite y la bolsa está certificada.
Y lo que no cambia con ninguna etiqueta: recoger es obligatorio, la sanción depende de tu ordenanza municipal y la bolsa que dejas en el suelo es peor que la que nunca compraste.
Lo que mas nos preguntan. Si tu duda no esta aqui, escribenos.